¿Qué nos pasa a los argentinos? ¿Cómo llegamos hasta aquí? ¿Cómo hacemos para construir el país que soñamos? ¿Cuál es la función de cada uno en la reconstrucción de la Argentina? Estas preguntas surgen al intentar reflexionar sobre nosotros mismos, nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. Tanto el ámbito académico como la literatura ofrecen espacios para ensayar respuestas. Interesados en conocernos mejor, les acercamos algunas reflexiones planteadas en la Asamblea de Antiguos Alumnos del IAE y el pensamiento del escritor argentino Marcos Aguinis.


“El Directivo de Empresa: Agente de Cambio de la Sociedad”

Bajo este lema, se celebró la decimoctava Asamblea Anual de Antiguos Alumnos del IAE.

El profesor Fernando Fragueiro, director general del IAE, destacó la función del directivo de empresa como un agente de cambio en la sociedad. Fragueiro señaló que "los acontecimientos de los últimos años nos han hecho ver la necesidad de explicitar una tercera dimensión, que si bien estuvo presente desde el principio, quizás hoy la sociedad nos esté pidiendo explicitarla. Se trata de la dimensión del bien común". Además, agregó que "no podemos quedarnos solo con el desarrollo de conocimientos y capacidades de gestión, sino que debemos trabajar en el nivel de las virtudes humanas, que constituyen la musculatura del espíritu”. Según Fragueiro, las estadísticas muestran que, en las organizaciones, los agentes de cambio son muy pocos: difícilmente superen el 10%, e instó a los directivos de empresas a convertirse en un agente de cambio allí donde se encuentren. Por su parte, Kim Clark, decano de Harvard Business School, habló sobre los desafíos de los directivos y empresarios en la transformación de la sociedad: "Los hombres de empresa tienen hoy tremendas oportunidades y desafíos y una gran influencia en el mundo actual, influencia positiva o negativa.

Esa realidad tiene ciertas implicancias. Los líderes deben tener espíritu emprendedor, conocer bien las herramientas tecnológicas, tener una perspectiva global, pero, fundamentalmente, poseer valores consistentes”. Clark hizo hincapié en los valores de la integridad, que se reflejan en una misma conducta pública y privada y en una concordancia entre las palabras y las acciones; el respeto por los demás y la responsabilidad frente a los actos y decisiones. Por otra parte, no dejó de referirse a los recientes escándalos y fraudes financieros del mercado norteamericano. "Son una demostración de la falta de valores y de su importancia", subrayó. En la opinión del profesor Sebastián Edwards, la Argentina tiene mucha esperanza porque no se produjo la catástrofe mayúscula después de la crisis del 2001-2002. "Pero también es un momento de mucha fragilidad. Hay que tener conciencia de la fragilidad para enfrentarla con realismo y transformarla en una situación sólida”.

Según el economista, la fragilidad se desprende de cuatro puntos: la inversión neta negativa, la negociación con el FMI, la renegociación de las tarifas de los servicios públicos y la discusión sobre la posible imposición de controles de capital. Edwards consideró que es necesario pasar de la contención a la construcción. ¿De qué manera? Exportando, aumentado la productividad y con una fuerte inversión no solo física, sino principalmente inversión en capital humano y social.

A esta declaración, el profesor Marcelo Paladino agregó que "estamos convencidos de que los empresarios pueden hacer una gran contribución al desarrollo, pero, sin convicción personal no hay capital social".


"El atroz encanto de ser argentino"

"¿Cómo puede ser atroz un encanto?", se pregunta Marcos Aguinis. Y dice que para entenderlo hay que ser argentino. "Pues en algo así -contradictoria, masoquista y atormentada- se ha convertido la condición argentina. Nos emociona ser argentinos y sufrimos por ello. Nos gusta, pero ¡qué difícil es!". Al igual que muchos de sus libros anteriores -cerca de veinte, entre novelas y ensayos- El atroz encanto de ser argentino se ha convertido en un best-séller, a pesar de estar lleno de frases duras.

Para Aguinis, "los argentinos somos hedonistas, nos gusta el asado, el mate, el deporte. También jugar, tenemos espíritu lúdico, somos muy sociables y poseemos las cualidades para constituir una sociedad envidiable. Nos interesan las noticias, somos creativos y hábiles. Tenemos un carácter muy cambiante, de débil memoria y con tendencia a la negación, somos reacios al pensamiento lógico y por eso nos tira tanto lo emotivo, lo irracional. Somos un pueblo que quiere el cambio pero le teme, y optamos por lo malo conocido. Tenemos una fijación asistencialista perversa, pidiendo que el Estado resuelva todos los problemas, sin asumir responsabilidades".

Aguinis explica que “nuestras dificultades pasan porque no podemos integrar todo ese potencial. Pareciera que los argentinos amamos la solidaridad, pero no sabemos cómo aplicarla; nos cuesta unir los hombros y las cabezas, y, sobre todo, nos cuesta integrarnos. Hoy no hay ni una sola idea que aglutine al país. Cada sector lucha por sus propios intereses. Pareciera como si viviéramos aislados, en archipiélagos egoístas. Cada uno quiere lo suyo y trata de conseguir los beneficios a costa de los demás, olvidándose de que ese otro también padece”.

“De allí que muchas manifestaciones, que me parecen legítimas, por otro lado, no son sensibles para nada al daño que le hacen al resto de la sociedad. Y esto es algo que no se discute porque muchos temen ser considerados como impopulares o enemigos del pueblo. Hay que recordar que el derecho de uno termina donde empieza el derecho de los otros.

Esto se ha olvidado, como también se ha olvidado el respeto. Este es un elemento venenoso que circula por las arterias de la Argentina actual”, concluye el escritor.