¿Cuál es la historia de Mai?

Mai S.A. fue fundada por mi padre, Pablo Enrique Mai, el 1º de julio de 1976. Ya tenía una trayectoria fabricando máquinas envasadoras. Luego de separarse de su socio en 1976, mi padre apostó de lleno a las envasadoras de té en saquitos. Creó un modelo de máquina y lo introdujo en el mercado en 1977.

Esta ha sido la actividad principal de la empresa: la fabricación de envasadoras de té en saquitos. En 1978 creó un segundo modelo, se afianzó en el mercado argentino y puso un pie en Sudamérica. Luego, a través de publicaciones y ferias, se hizo conocer en el mundo. En los años ochenta, la empresa ya estaba exportando máquinas a varios países, especialmente a países en vías de desarrollo.

La actividad principal de fabricación de máquinas se complementó con una pequeña imprenta para ayudar a los clientes ofreciéndoles insumos impresos. Poco a poco, con mucha investigación e inversión para desarrollar tecnología, la impresión de materiales de envoltura para saquitos de té se transformó en un negocio más. Con el transcurso de los años, la facturación de cada negocio creció el 50%, la venta de máquinas con un mercado 90% exportador y la venta de impresos con un mercado 95% local.

¿Cuáles considera que son los factores clave para el éxito de su empresa?

La empresa creció a partir de sus bases. El fundador encontró un nicho de mercado y creó una máquina que aún sigue disfrutando de ese nicho. Este producto ha tenido éxito y lo sigue teniendo en el mundo. Es una máquina económica, de manejo simple y muy eficiente. Estas condiciones hicieron que esta máquina se siga vendiendo aun cuando aparecieron otras distintas. Nosotros hemos creado nuevos modelos con este mismo concepto. Para una máquina económica, simple y eficiente, existe un gran mercado en el mundo.

Guillermo Enrique Mai

¿Qué valor tiene la gestión empresaria luego de una buena idea?
Las dos cosas han sido muy importantes. En el caso de mi padre, él fue un gran creador, pero, además, supo gestionar muy bien a su equipo de gente.

Mi padre falleció en 1987, y al ser yo único hijo, a los 18 años me encontré frente a la decisión de qué hacer, seguir o no. Mi principal preocupación no era crear sino gestionar, estaba ante un producto exitoso en el mercado y una empresa con un funcionamiento envidiable. Me tomé mi tiempo para aprender a gestionar la empresa, rodeado de un equipo de gente inmejorable que había estado con mi padre muchos años. Aprendí los principios básicos y a los 21 años tomé el desafío, acompañado por gente que me apoyaba. Tenía que afrontar el futuro: cómo hacer cosas nuevas, cómo hacer crecer la empresa, cómo manejar el crecimiento de la demanda, cómo hacer más máquinas y más impresos, cómo ser más eficiente y más competitivo.

¿Qué espera para el futuro?

Nosotros seguiremos disfrutando de este nicho. Pero no se puede disfrutar un nicho durante cincuenta años sin crear, sin hacer cambios. Desde los años noventa hemos ido haciendo cambios; lo más importante es adaptarse a lo que el mercado va pidiendo. Estamos trabajando en el desarrollo de equipos y opcionales que nos permitan seguir sobreviviendo en el mercado y ofrecerles a nuestros clientes nuevos modelos para reemplazar los que tienen y, además, conquistar nuevos mercados, especialmente en países asiáticos, donde todavía hay mucho por hacer.
La impresión siempre acompaña a nuestro servicio.

Queremos brindarle al mercado la mejor calidad de impresión y el producto más competitivo que exista. El haber creado tecnología adecuada para ser muy competitivos y darle calidad al producto nos pone hoy en una posición muy ventajosa, posición que cuidamos seriamente.

¿Cómo produce hoy su empresa?

La parte metalúrgica se divide en dos: producimos piezas por un lado y, por otro, montamos esas piezas para componer la máquina envasadora final. Hacemos el 100% de las piezas que componen nuestras máquinas. Trabajamos en serie, fabricando entre 50 a 100 equipos, de acuerdo con el requerimiento anual. Mes a mes graduamos la cantidad de equipos que montamos de acuerdo con la demanda. Además, brindamos servicio técnico en la Argentina y en el mundo. Nuestro producto se exporta mucho, y siempre hay cuatro técnicos nuestros viajando por el mundo, instalando el equipo a clientes que no lo conocen o resolviendo dificultades que surjan, ya sea en Córdoba o en Misiones, en Sudamérica, en China o en Corea.

Ledesma es una empresa argentina como la suya. Nosotros nos sentimos orgullosos de ser argentinos. Ustedes que salen al mundo, ¿cómo han vivido esto?

Nosotros también nos sentimos orgullosos de ser argentinos y de tener una empresa que da trabajo a 70 argentinos. Logramos montar un producto de excelente calidad. A veces, el solo título de argentino te genera inconvenientes en el mundo, porque el mundo suele dudar de la confiabilidad del producto argentino. Tenemos que luchar contra esto y hacernos una buena imagen, decir al mundo: “Miren, yo hago esto y lo hago bien”.

¿Cómo ha sido la relación con Ledesma?

La relación con Ledesma tiene ya muchísimos años. Nace a partir de que cuando Mai vende una máquina, tiene que hacer material de empaque para proveerle al cliente. Desde hace ya 25 años, Ledesma es nuestro proveedor. Buscamos usar un papel adecuado para el buen funcionamiento en las máquinas envasadoras. La relación ha pasado por varias etapas, desde los 1000 kilos mensuales cuando esto era todavía pequeño y venía una vez por mes el flete para dejar una bobina, pasando por épocas intermedias en las que los volúmenes aumentaron a 50 o 70 toneladas por mes, cuando nuestro producto empezaba a ser conocido y la cantidad de máquinas en el mercado crecía y se tomaba cada vez más té, hasta picos de 270 toneladas mensuales rondando el 2000. Hoy en día, por la situación del mercado interno, que representa un porcentaje elevado de nuestras ventas, el consumo de papel ha caído.

Guillermo Enrique Mai en su empresa

¿Qué característica de Ledesma podría destacar?

La seriedad en el trabajo. La palabra seriedad es lo primero, le siguen tantas otras cosas: un buen servicio, la calidad del papel, la atención técnica y comercial. Todo esto se refleja en que después de tantos años de relación, a mí me gusta seguir trabajando con la empresa.

¿Qué mensaje podría darle a un hombre de negocios que, como usted, tiene el desafío hoy de llevar adelante su empresa?

Hay dos puntos fundamentales. El primero es: si uno es serio, el mercado lo paga con respeto. El segundo es:lo principal es transpirar, como se dice, empujar el carro. La creación es importante, pero hay que empujar el carro diariamente y contagiar a la gente de entusiasmo.

Agradecemos la participación de Enrique Mai.