Hace
algún tiempo, leí una definición de profesionalismo
que me pareció muy interesante y que deseo compartir con
ustedes. El autor definía "ser profesional" como
sinónimo de ser "serio".
No con el significado aburrido de la palabra seriedad sino con
el significado ético.
Tal calificación deberíamos entonces aplicarla primero
a nosotros mismos y medir nuestro grado de seriedad cuando realizamos
nuestro trabajo; y luego, como resultado de la sumatoria de nuestra
actitud y la de nuestros compañeros, aplicarla a la empresa
donde nos desenvolvemos.
Más interesante aún es poseer la creencia de que
a largo plazo el mercado premia la actitud seria, es decir, la
actitud profesional. Esto se ve amplificado en momentos de crisis,
cuando es difícil cerrar con resultados importantes y cuando
la venta no viene sola.
¡Vale la pena ser serios! Además de ser un valor en
sí mismo, tiene sus beneficios. Lo que mantiene oculto
su potencial es que los resultados no siempre se ven en el corto
plazo. La búsqueda de la obtención de logros inmediatos
nos enturbia la visión de los resultados que podemos conseguir
mañana.
Tenemos que pagar un precio: Decir "No" cuando lo fácil
sería decir "Sí". Esperar. Dar lugar a
otro. Que los negocios sean beneficiosos para ambas partes, etcétera.
Si continuamos, podemos encontrar muchos ejemplos. Pero lo importante
es que todos nosotros compartamos este valor y lo apliquemos.